Relieve
Vicki piensa:
Víctor. El me gusta, y todo lo que me gusta de él y sus sobras. El me posee, me vuelca en ambages hasta el infinito. El puede conmigo lo que sea, es un payaso de seda atrapado en una caja de aire como cualquier otra. Su silencio golpea mi pecho con reberverancia. Se inclina hacia delante mientras maquina el arte anarquista. Como un punto, un lunar sobre el labio en orbita alrededor de la boca abierta, de la pasión como bicicleta, fluida de un dolor ignominioso. Despeja mi mente, el mundo tiene la forma, de una burbuja de saliva. Yo sin alas, yo planeando alrededor suyo en la peripecia confusa, un objeto no nítido en sus ambiciones soy. Se encuentra sentado, se encuentra a donde miro, piensa, repiensa, nada desfigura la causa. Lo conozco, Víctor. Pasaré enfrente, los libros se caerán, los toma, caballerosamente, me los devuelve a todos, no todos, uno se infiltrado entre sus cosas, en su perímetro. En él hay una carta y una rosa, una carta con fuerza de germen. Yo podré vincularme cuando el lea la carta. Tendré que esperar de él indiscreción, sus ganas de poeta, neohippista y bohemio. Víctor, date cuenta.
Víctor piensa:
Se le caen los libros a esta mina encarnación de la torpeza. No se tuerce a recogerlos un poquito. Los libros son la cristalización de la conciencia, pero ella no desespera, ella no. El recuerdo de la anticipación, el candor del fuego a la caída del muro, cuando aun había bombas y truenos. Los cánticos popu. La actitud progre ante todo, como mariposas y papel, figuras de papel que marchan en contra del régimen. Los proles, las drogas, el rock and roll. Todo aquello que exalte el sentido heroico frente a la industria y a las actitudes regre. Ella tropeza como se desmorona, es parte del programa, pobre mina.
Víctor se inclina, recoge lo libros y se los da a Vicky. Ella voltea para irse, el se da cuenta que un libro se infiltro entre sus cosas. La llama. La alcanza. Estira la mano para devolverle el libro cuando se cae de este la carta. Víctor la levanta, la mira, lee su nombre escrito entre corazones. Se detiene un momento, la mira a ella, le devuelve la carta.
Víctor. El me gusta, y todo lo que me gusta de él y sus sobras. El me posee, me vuelca en ambages hasta el infinito. El puede conmigo lo que sea, es un payaso de seda atrapado en una caja de aire como cualquier otra. Su silencio golpea mi pecho con reberverancia. Se inclina hacia delante mientras maquina el arte anarquista. Como un punto, un lunar sobre el labio en orbita alrededor de la boca abierta, de la pasión como bicicleta, fluida de un dolor ignominioso. Despeja mi mente, el mundo tiene la forma, de una burbuja de saliva. Yo sin alas, yo planeando alrededor suyo en la peripecia confusa, un objeto no nítido en sus ambiciones soy. Se encuentra sentado, se encuentra a donde miro, piensa, repiensa, nada desfigura la causa. Lo conozco, Víctor. Pasaré enfrente, los libros se caerán, los toma, caballerosamente, me los devuelve a todos, no todos, uno se infiltrado entre sus cosas, en su perímetro. En él hay una carta y una rosa, una carta con fuerza de germen. Yo podré vincularme cuando el lea la carta. Tendré que esperar de él indiscreción, sus ganas de poeta, neohippista y bohemio. Víctor, date cuenta.
Víctor piensa:
Se le caen los libros a esta mina encarnación de la torpeza. No se tuerce a recogerlos un poquito. Los libros son la cristalización de la conciencia, pero ella no desespera, ella no. El recuerdo de la anticipación, el candor del fuego a la caída del muro, cuando aun había bombas y truenos. Los cánticos popu. La actitud progre ante todo, como mariposas y papel, figuras de papel que marchan en contra del régimen. Los proles, las drogas, el rock and roll. Todo aquello que exalte el sentido heroico frente a la industria y a las actitudes regre. Ella tropeza como se desmorona, es parte del programa, pobre mina.
Víctor se inclina, recoge lo libros y se los da a Vicky. Ella voltea para irse, el se da cuenta que un libro se infiltro entre sus cosas. La llama. La alcanza. Estira la mano para devolverle el libro cuando se cae de este la carta. Víctor la levanta, la mira, lee su nombre escrito entre corazones. Se detiene un momento, la mira a ella, le devuelve la carta.

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